Pones un letrero con código QR en el portón. El que llega escribe el número de la parcela y al parcelero le llega al teléfono quién es y a qué viene, para contestarle de un toque. Sin conserje, sin cablear nada y sin publicar el número de nadie.
Incluido desde el plan Pro. Lo prendes en un minuto y el letrero se descarga listo para imprimir.
Llega el que trae el gas, el flete con los materiales, la visita de un domingo. El portón está cerrado y no hay nadie. Entonces toca la bocina hasta que alguien salga, llama a un número que quedó anotado en un cartel de hace tres años, o se mete a preguntar casa por casa. Y el teléfono de la directiva termina siendo el citófono de toda la parcelación, a cualquier hora.
La directiva cuelga el letrero una vez. Todo lo demás pasa solo.
La citofonía que existe supone un edificio con conserje, una caseta y un citófono en cada casa. En una parcelación no hay nada de eso, y cablear el portón cuesta más que el software de todo el año.
Cuando alguien toca el timbre de una parcela que no tiene a nadie cargado, el aviso queda en el buzón de la directiva. Ahí está la lista, con nombre y apellido, de a qué parcelas les falta un contacto. Es el argumento más concreto que vas a tener para completar el padrón: no es un trámite, es que fueron a buscar a alguien y no había a quién avisarle.
No. Escanea el código QR del letrero con la cámara del teléfono y se le abre una página web. No baja nada, no crea cuenta y no deja registro más allá del timbre que tocó.
No, y es el punto. El que llega nunca ve un número. Escribe el número de la parcela y nosotros llevamos el aviso al teléfono de quien corresponda. Si el parcelero quiere que lo llamen, es él quien marca desde su propio teléfono, no al revés.
La pantalla responde exactamente lo mismo exista o no la parcela, tenga o no a alguien avisando, sea de día o de noche. Nadie puede usar el portón para averiguar qué números existen ni quién vive dónde.
Cada parcelero fija su horario silencioso. En esa franja el teléfono no suena ni vibra, pero el aviso igual queda y llega por correo, así lo ve a la mañana y nadie se queda sin saber que fueron a buscarlo.
El parcelero lo marca como molestia de un toque y esa conexión deja de hacer sonar timbres por 24 horas, sin que el que abusa se entere. Queda registrado para la directiva, que puede levantarlo si fue un error.
No hay nada que instalar en el portón más que el letrero impreso. No se necesita conserje, caseta, corriente, cable ni señal en el portón: el que escanea usa los datos de su propio teléfono.
Desde el plan Pro, incluido y sin costo aparte. Lo prende la directiva desde Mi Comunidad y cada parcelero decide si quiere recibir los avisos de su parcela.
El teléfono del visitante se borra en cuanto se vence el timbre, y el nombre y la patente se borran a los 30 días. Del timbre solo queda que ocurrió, para que la directiva sepa cuánto se usa el portón.
Prendes el citófono, imprimes el letrero y lo cuelgas en el portón. En una tarde queda andando.